ESTUDIO DETALLADO DE EXTATOSOMA TIARATUM EN CAUTIVIDAD.


El presente artículo pretende ser un diario de mis Extatosoma, a modo de información, para todo aquel que desee leerlo, para su provecho, información o simplemente por placer. Como tal, relataré tanto los agradables aciertos como, lamentablemente, los errores que me han ocurrido y han de ocurrirme aún, a lo largo del mantenimiento de esta especie para, dentro de lo posible, servir de ayuda a presentes y/o futuros criadores. Está relatado a modo de diario, para hacer lo más amena posible su lectura y todos los hechos contados en él, son reales. Que os guste.
XhIvAdEmOn




Día -1.
Tras buscar por mi ciudad y por Internet sin resultados, por fin, encuentro justo lo que estaba buscando: un anuncio en una lista de compra – venta de animales en el que se ofrecen Extatosoma tiaratum. Rápidamente, le escribo al vendedor para encargar tres ejemplares, dos hembras y un macho. Al mismo tiempo, voy preparando el terrario (provisional, eso sí) para su llegada.
El terrario es el típico que se abre frontalmente, con puertas correderas, posee ventilación inferior y en el techo y también, para que os lo podáis imaginar correctamente, es el típico al que se le pone una cerradura de vitrina cuando los animales son mayores. Naturalmente, con insectos, esto no es necesario. Las medidas son 60 x 30 x 30 cm. (algo deficientes en altura, para mi gusto).
Como sustrato, y ya que es provisional, utilizo solamente vermiculita y, en el centro del terrario, coloco una maceta de plástico con un buen sustrato para plantas, que utilizaré para colocar las ramas de Rosal/Zarza que servirán de alimento. No utilizo calefacción ya que dispongo de una habitación en la cual controlo la temperatura, que se mantiene entre 25° – 26° C durante el día y 18° – 21° C por la noche. El fotoperíodo que pretendo mantener es de trece horas diarias de luz, indirecta, artificial y natural.



Día 1.
Los animales llegan, desde Vigo, en perfectas condiciones y dentro del plazo acordado (debo decir que quien me los vendió se portó estupendamente). Vienen dentro de una de esas cajitas en las que venden los grillos, con algunas ramas de Zarza y dentro de otra caja mayor, de cartón y con algunos agujeros en los laterales. Todos son marrones, aunque el macho es algo más oscuro y, por supuesto, ya pueden vérsele unas pequeñas alas. También se nota como más frágil.
Yo nunca había visto de cerca a esta especie, sólo en fotos y vídeos, y, la verdad, es que me han impresionado bastante con su aspecto, aunque los ejemplares adquiridos son aún jóvenes (5 – 6 cm, las hembras).
Después de dejar que se paseen por mi cuerpo durante un rato, los coloco en su nuevo terrario, que ya tiene humedecido el sustrato (vermiculita) y cuatro grandes ramas de rosal (cultivado por mí y sin insecticidas) colocadas en la maceta, a la que también le he regado el sustrato. Antes de introducir a los animales humedezco el ambiente con un pulverizador.
Inmediatamente dejados sobre el rosal, y para mi sorpresa, se ponen a comer como locos, cosa que me da cierta seguridad, pues suele ser un buen indicador de salud. (A veces suele haber problemas para que acepten un alimento nuevo, como por ejemplo Rosal, si están acostumbrados a consumir otro, como por ejemplo Zarzamora... Aunque también he leído que comen Eucalipto, pero todavía no he probado).
Como sólo falta media hora para que el temporizador que controla la luz de la habitación se apague, los dejo tranquilos y me marcho.



Día 2.
Todo parece funcionar bien. Los insectos se han alimentado, han defecado y se han movido por el terrario, según he podido comprobar hoy. También he observado que, a diferencia de otras especies de Fásmidos que mantengo, estos, aunque prefieren la oscuridad, suelen pasearse y alimentarse también a plena luz del día, haciendo ese movimiento característico que parece imitar a una hoja en movimiento.
A todo esto, voy preparando (bueno, construyendo) el terrario definitivo en el que espero que se reproduzcan (sexual o asexualmente, no me importa), que medirá 50 cm de largo x 25 cm de ancho x 70 cm de alto. La pared frontal y la posterior serán de fibra de vidrio y los laterales, el techo y el suelo de madera. Se abrirá frontalmente y el cierre va estar formado por un pequeño pestillo.



Día 5.
Las hojas de los rosales ya se han secado, por lo que las sustituyo por otras, mas otras dos de Zarza que he conseguido encontrar por Murcia (la Zarza, aunque más adecuada por la seguridad de que no contiene pesticidas, dura muy poco una vez arrancada y menos aún si la sometemos a una temperatura alta, como es el caso).
Me he fijado en que los Extatosoma prefieren mantenerse en posición invertida, asimilándose lo máximo posible a una hoja (y realmente lo consiguen¡), a diferencia de otros Insectos – palo que puedes encontrar colocados casi en cualquier posición, o haciendo malabarismos.
La forma de andar de los Extatosoma me recuerda, dentro de lo que cabe, a la de los camaleones: oscilando antes de posar las patas sobre la rama.
De momento, parecen no darle mucha importancia a la presencia de los unos frente a los otros, pasando la mayor parte del tiempo en solitario, comiendo las hojas de una misma rama, una por una y sin mostrar signos aparentes de comunicación. Es decir, lo normal es que al día siguiente estén en la misma rama que el anterior (si ésta aún contiene hojas), dando la impresión de no haberse movido ni durante la noche.



Día 7.
Lamentablemente, y con mucha resignación, encuentro a una de las hembras en terrible estado. Permanece en el suelo, haciendo bruscos movimientos descordinados y con clara intención de mantenerse en pie, cosa que no logra. También parece ser que le ha quedado inutilizado el primer par de patas, pues se muestran plegadas (casi partidas), como si de una mantis se tratara. Sabiendo que en este estado una a observación, con la consiguiente manipulación, detallada del animal, puede ser más perjudicial que beneficiosa, por lo tanto me abstengo de intervenir. Unas horas después la encuentro en el mismo lugar, pero ya muerta.
Aún desconozco los motivos de este terrible accidente y, ahora, sólo con la pareja restante, me lamento por no haber empezado la cría con un número mayor de individuos, pues si bien es cierto que de los errores se aprende... ¿qué sucede cuando desconoces la causa del error? ¿Cómo lo corriges? ... en fin...
Como ya digo, la pareja restante se mantiene estable y las condiciones ambientales (ciclo día/noche, temperatura...) también, pero para asegurarme de que la causa de la muerte no se encuentra aún dentro del terrario, lo limpio todo muy bien con agua caliente y lo vuelo a reconstruir. También he sustituido el compost que contenía la maceta por vermiculita y las ramas de alimentación por otras nuevas (escasas, eso sí, de producción propia).
Vuelvo a introducir a los Extatosomas en su terrario y pulverizo un poco de agua tibia.



Día 8.
Hoy ha estado lloviendo en Murcia, por lo que he aprovechado para acercarme a recolectar unas ramas de Zarza, encontradas por casualidad unos días antes. He tenido la suerte de conseguir algunas con raíces, que he plantado para los casos extremos. Las que no llevan raíz se añaden a las de los rosales de ayer.



Día 9.
Como la mayoría de sábados, este también he ido a la casa de campo (que se dice así, pero que no es ninguna mansión) de mi tío, lo que quiere decir que también he recolectado numerosas ramas de rosal cultivado, para los Extatosomas y también para mis Baculum y mis C. Morossus.
Renuevo las ramas para la alimentación, dejando sólo las que todavía no están secas del todo (las que aún no crujen), pero hoy, además, retiro todas las hojas secas, ya “no – comestibles”, de las ramas más gordas y voluminosas, dejándolas literalmente “peladas”, sirviendo así a los animales para trepar hasta las que contienen el alimento, además de poder desplazarse mejor dentro del terrario.
He pulverizado, de nuevo, todo el ambiente, procurando no enfocar el chorro de salida del agua directamente sobre los animales, aunque no creo que pase nada porque les caigan unas gotitas.
Cuando, como hoy, mi intención es volver a restaurar la humedad del terrario (esto suele ser una vez a la semana, aprox.) , es decir, que voy a utilizar más agua de lo normal, suelo realizar la operación por la mañana, para que, en caso de excederme con la cantidad de agua, halla tiempo suficiente, con ayuda del calor del día, de que se evapore la sobrante.
He retirado los excrementos (muy abundantes, por cierto) y las hojas secas caídas al suelo, para evitar que proliferen los hongos, y haciendo esto me he dado cuenta de que los cristales y las hojas de Rosal/Zarza, están repletas de pequeñas gotitas muy brillantes, que no son otra cosa que excrementos de pulgón (más fáciles de localizar que los pulgones en sí).
Aunque siempre lavo muy bien los vegetales que van a servir de alimento para mis animales con un chorro fuerte de agua, limpiándolos de pulgones y de posibles pesticidas, estos pequeños insectos suelen volver a reaparecer en el terrario, llegando a establecer verdaderas colonias dentro de él. Esto no suele representar un gran problema, ya que la mayoría de ellos son expulsados al sustituir las ramas por otras nuevas pero, siendo el pulgón otro de los pocos animales (además de los Fásmidos y algún otro) que se reproducen por partenogénesis, con que sólo quede uno capaz de reproducirse por sí mismo dentro del terrario, o en las nuevas hojas introducidas, el ciclo volverá a repetirse. De todas formas, y ya que los pulgones sólo se alimentan de la savia de las plantas, el único malestar que he observado que causen a los Extatosomas es el que les producen sus revoloteos alrededor de ellos.
Claro está, sería absurdo utilizar insecticidas para eliminarlos.


Día 13.
Desprovisto, momentáneamente, de vehículo, me veo en la obligación de convencer a un buen amigo (aunque nada amante de los animales, si no es para comérselos) de que me acerque a un lugar, en teoría cercano, a recoger unas ramas de Zarza. Aunque sólo sea por su condición de amigo, acepta gustosamente y me lleva al lugar elegido: Un cañaveral que da a la orilla de una carretera, en donde las cañas se entrelazan con las Zarzas.
Pues sí, y ahí estoy yo, a plena luz del día, con unas tijeras de podar, una mochila y unos cuantos arañazos producidos por las plantas, cortando malas hierbas (intentad explicarle a un anciano curioso que estáis recogiendo Zarzamora para alimentar a unos insectos tropicales, que se asemejan a ramas vivas, que habéis conseguido a través de Internet y que mantenéis en vuestra casa por placer. Creería cualquier cosa menos eso).
Siempre procuro escoger los brotes más tiernos y de verde más intenso, ya que las hojas con más tiempo suelen estar roídas por otros animales, o infectadas por Botritis.
Pues bien, llego a casa, me deshago de un pequeño “compañero” que se había aferrado a mi oreja con forma de garrapata y procedo al lavado de las hojas. Esta vez me he excedido y he recogido más de lo que dos Fásmidos, de cualquier especie, podrían consumir a lo largo de todo un mes, pero no me importa pues, ahora, el terrario está ocupado en toda su superficie aérea por las hojas y ramas de las plantas, proporcionando un medio más ameno para los Insectos, al poder desplazarse y camuflarse con mayor facilidad.

De momento su comportamiento sigue siendo el mismo, ignorándose mutuamente, pero parecen estar muy bien establecidos. Por las mañanas suelo encontrarlos enganchados en el techo del terrario, en posición invertida, claro, y a lo largo del día van moviéndose lentamente por éste. Por ahora no hago observaciones nocturnas, para no molestarlos mucho, ya que aún tengo que traspasarlos al nuevo terrario que estoy construyendo (que espero esté listo en unos días) y tendrán que aclimatarse de nuevo.



Día 14.

¡¡ Por fin ¡!. Mi nuevo terrario ya está acabado. Es exacto a como lo describo anteriormente, a excepción de una pequeña varilla de madera que atraviesa la puerta (cara frontal) en diagonal, para ocultar un desnivel. Lo he colocado junto al gran terrario de los Baculum.
Como el suelo es de madera, lo recubro con tres capas de film transparente (el que se usa para envolver bocadillos), a fin de que, una vez introducido el sustrato, pueda humedecerse en condiciones, sin alterar por ello a la madera. Estas tres capas de film las recubro con 2 – 3 cm de una mezcla compuesta por compost para plantas, humus de lombriz y vermiculita, a partes iguales. Lo humedezco ligeramente con un pulverizador, para que se asiente bien y el plástico que tiene debajo no sobresalga. Además, lo presiono un poco con la palma de la mano. Retiro todas las lombrices que vienen con el humus y se las doy a mis Bombina J.
En el centro del terrario, como no, coloco una maceta de plástico, de 25 cm de diámetro, rellena con vermiculita húmeda, e introduzco cuatro ramas de rosal, que he recolectado hoy, y también las humedezco con el pulverizador y ... en teoría ya debería estar listo, pero aún le falta algo: unas ramas de no se qué especie de árbol que he recogido, aprovechando que paseaba al perro. Estas están compuestas por una gruesa rama central que se divide en numerosas ramas más finas que salen de todas direcciones. La cololo en el centro del terrario, ocupando gran parte de este, junto las del rosal y ... ahora sí está listo.
Pues bien, he intentado localizar a la hembra (siempre intento encontrarla primero a ella, por ser la más grande) dentro de su ya antiguo terrario provisional, repleto de ramas y hojas por todos lados, haciendo muy pesada la tarea. Al final la he visto en enganchada a una hoja, en posición invertida, al fondo del terrario, en una de las ramas más bajas. Al cogerla, se has resquebrajado por completo entre mis dedos, porque en realidad era una muda (la primera conmigo), que pendía exactamente igual a como se suele colocar la hembra durante el día. Ella estaba justo al lado, recién mudada y mucho más grande y bonita, con su nuevo cuerpo. Ahora, aún húmeda, posee unos colores aún mas resaltados y brillantes y da la sensación de ser esponjosa al tacto.
Esto me obliga a posponer el traslado, para no alterarla mucho en este estado.



Día 15.

Finalmente, he introducido a la pareja en su nuevo terrario, a primeras horas de la mañana, para que tengan todo el día y toda la noche para habituarse a él. Nada más ponerlos sobre las hojas han comenzado a comer ... curiosamente.
La hembra ya parece haberse secado por completo después de su “metamorfosis” y su tamaño es algo así como el triple del macho, que mantiene sus dimensiones y color, bastante más oscuro que la hembra. Aunque hasta ahora no han mantenido aún ningún contacto directo, no estoy preocupado, dada la capacidad de esta especie de reproducirse por partenogénesis, como otros tantos Fásmidos, aunque sería extraño contando con la presencia del macho, y más siendo un espacio limitado.
Durante todo el día de hoy han permanecido enganchados a las hojas (lo repito tanto para recalcar que no es sobre las ramas, sino sobre las hojas donde permanecen), en posición invertida y oscilando lateralmente, imitando hojas movidas por el viento (esto también suelen hacerlo cuando paso por delante de ellos, haciéndoles sombra).
He pulverizado de nuevo, esta vez todo el ambiente : el sustrato, las ramas, las paredes.... y se ha apagado la luz.
Dos horas más tarde, los he encontrando inspeccionando su nueva casa, recorriendo todo el terrario y alimentándose, como siempre, cada uno en un extremo.



Día 16.
OK. Todo correcto: hojas roídas, excrementos en el suelo, los animales en posiciones distintas a la última vez que los vi... parecen haberse aclimatado bien.


Día 20.
Renuevo los rosales, añado algo más de sustrato y riego abundantemente, acolchándolo.
He observado que los animales no se desplazan demasiado, ya que vuelvo a encontrarlos en el mismo lugar, reservando el movimiento para cuando es realmente necesario, como cuando, por ejemplo, se acaba el alimento o amenaza algún tipo de peligro.
Un nuevo movimiento adquirido por la hembra me deja sorprendido: Al intentar cogerla desde arriba, por el abdomen, , mueve el último par de patas (las que pinchan) , cerrándolas a modo de tijera, consiguiendo así que, al menos, la próxima vez te lo pienses un poco antes de decidir por qué sitio la vas a coger. Esto supongo que lo hace por instinto (o por alguna de esas causas desconocidas del porqué del comportamiento de los animales), pues el macho no lo hace, además de que no hay más ejemplares de su especie de los que lo pueda haber aprendido. Espero que si alguien que haya conseguido reproducirlos está leyendo esto, pueda decirme si sus Extatosoma también lo hacen y desde cuando. Además, cada día está más grande y gorda.
El macho ha adquirido un color más vivo en la base de las alas (el lugar desde donde salen), donde posee dos pequeñas manchas blancas, ovaladas y muy brillantes, aunque aún no lo he visto revolotear lo más mínimo. Su presencia en el terrario es muy cauta, permaneciendo siempre al amparo de las hojas de rosal, al contrario que su compañera, a la que parece no importarle reposar sobre una rama desnuda, totalmente visible.


Día 21.

No sé cómo serán las temperaturas en el resto de España, pero aquí, han aumentado considerablemente, alcanzando hasta 35° C a pleno sol (estamos a finales de abril). Esto ha afectado a la habitación de cría, ascendiendo a 28° C durante el día y secando prematuramente los rosales de alimentación, por lo que he tenido que renovarlos. Para hacerlo, ya que son un gran número de ramas las desalojadas, he sacado a los Extatosoma, dejándolos en un terrario vacío por el tiempo que he tardado en poner las nuevas ramas. Después de pulverizar algo de agua por todo el terrario, los he vuelto a poner en él.
Menos de una hora después, he “pillado” al macho en plena muda, totalmente deforme y sacando su nueva cabeza (muy parecida a la de una libélula, ahora que está aún húmeda) de entre su espalda. Tan sólo _ hora más tarde, puedo verlo “reconstruido”, limpio, brillante y colgando, bocabajo, de la piel muerta... Y se ha apagado la luz.



Día 23.
Reestablecido, el macho se encuentra perfectamente, pero no he conseguido encontrar la muda ( ... y aún no me lo explico ... ). Últimamente, ha estado “correteando” más de lo habitual, inspeccionando el terrario de arriba abajo , pero aún le quedan algunas mudas hasta ser adulto, así que no creo que este comportamiento esté relacionado con la reproducción.
Hoy he renovado los rosales, que cada vez duran menos, llegando a resquebrajarse las hojas en uno o dos días. También he metido una botella de cristal, llena de agua, en la que he colocado algunas ramas de rosal, para ver si duran más tiempo que en la vermiculita (aunque en la maceta con vermiculita también he puesto algunas).
La hembra sigue con su afición por mosdisquear aquellas ramas desconocidas que usé para la decoración , que ahora creo que son de algún tipo de carmona sp, o similar. No parecen sentarle mal, ya que lleva tiempo haciéndolo, incluso teniendo alimento disponible.
Creo que los excrementos son algo exagerados, en proporción con el tamaño de los animales y tienen un color marrón verdoso.


Día 26.
Lo confirmo, la hembra está asombrosamente grande, sobre todo el abdomen, que parece ir cogiendo volumen con el paso de los días. Las alas aparecen, diminutas, de un color negro brillante, y parecen salir casi de la cabeza. En cambio, el macho, aunque ha aumentado su tamaño general desde que está aquí, lo hace proporcionadamente, es decir, todo su cuerpo es proporcional a su tamaño, sin exagerar más en unas partes u otras y las alas, aunque ligeramente más grandes que las de su compañera, son del mismo color que todo el cuerpo, excepto en su base, donde también son negras, pero no lo he visto aún con ellas desplegadas.
La temperatura ambiente ha vuelto a descender a 25° C, siendo algo más alta dentro del terrario, aunque la capa más superficial del sustrato se reseca a menudo, teniendo que volver a humedecerla. La idea de sustituir la vermiculita por agua parece dar buen resultado, ya que las hojas duran algún tiempo más, aunque también podría ser debido a esta “reestructuración” de la temperatura ... quien sabe.


Día 30.

Vuelvo a renovar los Rosales y humedezco todo el terrario, pero esta vez con una regadera pequeña (es para bonsais) , dejando caer las gotas sobre las hojas y sobre la superficie del suelo, pero no sobre los animales, claro. Esto parece haberles gustado bastante, pues seguidamente, se han desplazado hacia las nuevas ramas, mojadas, y han comenzado a comérselas.
También observo que no les importa mucho alimentarse de las hojas más secas, habiendo otras mejores disponibles, de lo que me percato tras escuchar un “cras-cras” que proviene del terrario (que se debe, claro, al sonido producido al mordisquear las hojas).



Día 37.

A día de hoy, la hembra mide, aproximadamente, 8 cm , con el abdomen extendido, y el macho, unos dos menos.
Las protuberancias salientes por los laterales del abdomen de la hembra le dan un aspecto peligroso, como si tuviera algún arma de defensa oculta, cosa que es totalmente falsa, pero que le otorga un terrible aspecto, algo parecido a un escorpión con el aguijón enroscado ... no sé... delirios de cuidador .
Cada vez se van asustando menos con mi presencia, ya que no se alteran con tanta frecuencia como al principio cuando yo deambulo por alrededor del terrario, aunque no soy muy partidario de tocarlos demasiado (ni siquiera cuando me lo piden las visitas. Es muy fácil quitarle las ganas a cualquiera diciéndole : “cógelo tú mismo”, je,je).
Hoy renuevo otra vez los rosales, com más rosales, ya que, debido a las fechas, la Zarzamora silvestre disponible, no está en su mejor estado y los eucaliptos (que , por cierto, sigo sin probarlos como alimento para los Extatosoma) disponibles son, en su mayoría, árboles de ciudad, de los que prefiero no utilizar ninguna de sus partes.


Día 39.

Ya que puedo, introduzco más rosales en el terrario y pulverizo abundantemente (hoy sí hace calor).


Día 41.
Hoy me despierto y, como la mayoría de los días, lo primero que hago es acercarme a mi “habitación de terrarios” para hacer una revisión superficial de todos ellos. Lo que observo, nada más abrir la puerta del terrario de los Extatosoma, es una hembra gigante enganchada a la tela de la puerta. Bajo ella, y también enganchada a la rejilla, se encuentran los restos de una muda y algunos excrementos. Tras frotarme los ojos para comprobar si realmente estoy viendo lo que veo, confirmo que la muda se ha llevado a cabo en buenas condiciones. Ahora la hembra ha duplicado su tamaño (en serio!!) y es enorme. Se distinguen perfectamente las alas y cualquier otra , anteriormente pequeña, parte de su cuerpo y aún está algo blandita por su cambio de piel, así que no la molesto mucho (Es preciosa...).
Si el día que llegaron a mi casa, siendo aún unas jóvenes ninfas, me hubieran dicho que alcanzarían este tamaño, seguramente no lo habría creído, a pesar de que yo ya había leído bastante sobre esta especie. Pero verlo “en vivo “ es otra historia.
El macho, de momento, sólo lleva una muda y mantiene su tamaño, manteniéndose siempre más recatado y apartado , en las zonas más oscuras.
A diferencia de hace tan sólo unas semanas, hace ya bastantes días que no los veo en esa posición invertida de la que tantas veces os he hablado. Ahora, parece que prefieren reposar horizontal o verticalmente, pero no invertidos. Supongo que podría deberse al aumento de peso y tamaño que han experimentado.



Día 45.
Bien, según lo que me temía, a causa de permanecer tanto tiempo en el mismo lugar, como os dije, el macho ha mudado la piel y ha cambiado completamente. Las alas se han desarrollado alcanzando, casi, la longitud del cuerpo y son , al parecer, bastante potentes. Empiezo a creer que en pocos días podría verlo revolotear. Ahora mismo aún está húmedo por la muda, por lo que tiene las alas semiabiertas, lo que le da una apariencia muy similar a la de una mantis macho auctóctona. Mide 9 cm de longitud y las antenas son tres veces más largas que las de la hembra (insignificantes, comparadas con su tamaño). Permanece invertido (de nuevo), secándose.
La hembra, para variar, está justo en el lado opuesto al macho, en la esquina inferior derecha, en posición horizontal sobre una rama. Mide 12 cm de longitud y tiene una cabeza del tamaño de un guisante, en donde se pueden apreciar, perfectamente, todas sus partes (ojos, mandíbulas, antenas... ).
Para “contribuir” a la muda, pulverizo ligeramente el ambiente a través de la rejilla de la puerta, ya que de momento la humedad del sustrato parece ser suficiente.


Día 47.
La normalidad sigue su curso dentro del terrario. Las alas del macho han quedado como abombadas (no están completamente plegadas sobre su cuerpo) y poseen un color blanco – grisáceo, con algunos ocelos marrones. Parece que desde esta última muda se desplaza con más frecuencia, por dentro del terrario, que antes... ¿será que ya está preparado para reproducirse?. Parece tan fino y delicado que no me atrevo a tocarlo en cambio, a la hembra, puedo sostenerla sin problemas en mis manos, debido a su grosor y fuerza (y creo que aún le falta alguna muda que otra).
Añado más alimento (rosal), retiro los excrementos del suelo (ya que parecen demasiados para las 15 – 20 lombrices que cohabitan en el sustrato) y remuevo el suelo con una espátula para que no se apelmace.
La temperatura ambiente, durante el día, es de 30° C y parece que va a ir en aumento.
Día 51.
Efectivamente, durante el día, la temperatura es de 32ºC, bajando tres o cuatro grados por la noche, los rosales de alimentación se resecan con excesiva rapidez y las pulverizaciones de agua parecen agradar a los animales, pues se ponen a comer, normalmente, cuando humedezco el terrario.
De momento, no ha habido más mudas, aunque creo que , no en mucho tiempo, tendremos otra (posiblemente de la hembra).
El macho, a pesar de poseer su gran par de alas arrugadas (porque las tiene como arrugadas, no como estamos acostumbrados a verlas en las fotos que circulan por la red), no da indicios de querer/poder volar ... y no es porque yo no lo haya “molestado” un poco para lograrlo, pero nada... se limita a moverse sólo con las patas, como la hembra, pero algo más rápido.


Día 52.
A día de hoy y tras lo comentado sobre el dificultoso mantenimiento de la comida de los Extatosoma en buen estado, introduzco un gran número de ramas de rosal en el terrario. Tal es la cantidad, que ocupan casi toda la parte superior del terrario, como ya ha ocurrido otras veces. Pulverizo abundantemente (dadas las veraniegas temperaturas...) y retiro los excrementos de los animales. También riego, con regadera, todo el sustrato, removiéndolo un poco con una espátula.
Las relaciones sexuales entre los dos especímenes parecen no existir de momento. No creo que a la hembra le dé por reproducirse partenogénicamente teniendo tan esbelto caballero junto a ella :) .


Día 53.
Pues bien, el elevado número de ramas utilizado la última vez no parece que valla a resolver los problemas, ya que hoy, sólo tres días después, están completamente secas, como si ya llevaran una semana aquí , lo que me obliga a hacer como que paseo a mi perro, cuando en realidad lo que hago es cortar rosales “urbanos” con unas tijeras para bonsais (cosa nada recomendable, pero una necesidad es una necesidad). Esto me servirá para uno o dos días, que es cuando podré renovar de nuevo en casa de un familiar (parece mentira que sea jardinero...).

Día 54.
Comportamiento de los animales (observación de las últimas dos semanas) :
- Aunque pueden desenvolverse sin problemas a plena luz del día, ya que los veo comer y desplazarse en tales circunstancias, parece ser que , como también era de esperar, prefieren la oscuridad para dichas tareas. Al contrario que otros Fásmidos, el comportamiento de defensa, en lugar de ser únicamente la inmovilidad (confiando en el camuflaje) se traduce en un balanceo lateral mecánico, supongo que imitando una hoja. Además, tanto el macho como la hembra, han adquirido la costumbre de cerrar su último par de patas a modo de tijera, al sentirse amenazados, o al ser cogidos. Este último par de patas posee unas espinas endurecidas, de no se qué tipo de materia (¿... podría ser alguna forma de tejido quitinoso ... ?) que , al presionar, pinchan.


Día 56.
Finalmente, mis inquietudes son aplacadas. A día de hoy, en una última visita al terrario para introducir otra rama de rosal “urbano” (a las 23:00 horas, aproximadamente, tres después de apagarse la luz), a 27°C de temperatura y totalmente a oscuras, enciendo la bombilla de infrarrojos de 125w que utilizo para entrar a la habitación de noche y observo a la pareja copulando. Después de todo, parece que el macho se ha decidido, ya que deduzco que la iniciativa a sido suya al encontrarse la hembra en el mismo lugar que la última vez que la ví, mucho antes de apagarse la luz.
La cópula es como os podéis imaginar: En posición vertical, el macho sobre ella, ligeramente agarrado con el primer par de patas y con los abdomenes en contacto, bombeando suavemente.
Al entrar yo en la habitación, los dos se han balanceado al compás, en forma de defensa, pero no se ha interrumpido la cópula (lo que no sé es si se seguirán repitiendo los apareamientos, como sucede ahora mismo con mis Baculum). A pesar de ello, postpongo la introducción del nuevo alimento hasta mañana, para no interferir demasiado.
Aunque aún es demasiado pronto para hablar de la incubación de los huevos, creo que la haré en dos partes: una , en la que se dejarán los huevos en el mismo sustrato del terrario y otra , en la que colocaré de 20 a 30 en pequeñas “incubadoras” de plástico así, si un método falla, queda la esperanza de que funcione el otro.